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Domador sin látigo

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Lo que el Presidente Peña necesita para que su campaña anticorrupción sea creíble son «botones de muestra».

Les preguntamos, amigos, ¿han visto alguna vez a un domador de leones de circo desprovisto de látigo? Igual para usted y para mí, simples espectadores, el látigo sale sobrando. Mas les aseguramos que para los LEONES su tronido hace toda la diferencia.

Y no se diga para el domador, a quien sin él igual se lo comen. (Si acaso lo dudan, pregúntenle a Roy, el compañero de Siegfried). Ante esta óptica, les suplicamos que nos acompañen, estimados amigos, a analizar la frase presidencial de la semana: «Lo que estamos haciendo es DOMAR, auténticamente, la condición humana».

Esto dijo el Presidente Peña Nieto en una presentación de los nuevos sistemas para combatir la corrupción y garantizar la transparencia en México. El primer punto, obvio, es que la corrupción no es una condición humana inescapable, y menos que resulte algo inherente al ADN de los mexicanos. Imperativo es que como sociedad rechacemos esta falsa premisa/muleta, pues aceptarla equivale a ubicarnos en la antesala de la resignación.

Nos recuerda mucho este concepto la frase insultante de tiempos del Presidente José López Portillo: «La corrupción somos todos». La corrupción se da -independientemente de lugar o condición- cuando ésta no se combate o se tolera, y se erradica cuando la sociedad, sus leyes e instituciones la combaten con cero tolerancia acabando con la IMPUNIDAD. Guardamos siempre los mexicanos, eso sí, un SANO ESCEPTICISMO con respecto a las motivaciones y promesas de nuestros gobernantes. Si algo demuestra que la gente NO LE CREE a nuestros políticos tradicionales esto sería el triunfo rotundo de candidatos independientes en Guadalajara y en Nuevo León.

Lo que el Presidente requiere para que la sociedad le conceda credibilidad a su campaña «anticorrupción y protransparencia» es el BOTÓN DE LA MUESTRA. En nuestra sociedad se considera que siempre es necesario «para muestra un botón», entonces, lo que el Presidente Peña requiere es DARLE A LA SOCIEDAD MEXICANA ejemplos tangibles, concretos, de cómo funciona y cómo se aplican estas leyes anticorrupción, y ya no digamos las nuevas, que con las viejas bastaría, siempre y cuando exista la voluntad de aplicarlas. Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo, dicen en mi rancho: de manera que el botón de muestra que le daría fuerza y sustancia a la presunta campaña presidencial anticorrupción sería que se investigaran y sancionaran ACTOS DE CORRUPCIÓN cometidos por subalternos o correligionarios del Presidente.

Ya a nivel federal, tanto como a nivel local. Ello, obviamente, en paralelo a los procesos que se les finquen a políticos de otros partidos. Nos referimos a Ebrard, por ejemplo, o a Padrés, o al que ustedes quieran. Si la ley anticorrupción, si la luz de la transparencia, no se les aplica IGUALMENTE a funcionarios o servidores públicos priistas entonces su efecto escarmentador se diluye hasta la insignificancia, pues pudiera confundirse con venganzas políticas.

El buen juez por su casa empieza, de manera que para darle sustancia al DISCURSO presidencial mucho ayudaría que las nuevas y las viejas leyes se apliquen por igual con resultados tangibles y palpables. Simplemente no puede ser que a ex Gobernadores priistas, como el tamaulipeco Eugenio Hernández, sólo los investigue la autoridad norteamericana por presuntos graves delitos. Lo mismo se puede decir de Moreira, Yarrington y otros políticos priistas pasados y presentes, cuyas anomalías se destapan fuera de México y no en nuestro país.

¿Quién cuida entonces la probidad en el servicio público mexicano: los mexicanos o los norteamericanos? Más vale que seamos nosotros, si no queremos que este sexenio termine como el del célebre habitante de la «Colina del Perro».

fricase@elnorte.com

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